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Jueves 18 de enero, 20.30 h VariacionEs de lo real Grandes maestros del direct cinema, los Maysles son una especie de cronistas de los cambios culturales en los Estados Unidos. Su método consiste en capturar lo imprevisto, en filmar una situación antes de que la presencia de la cámara la transforme. La suya es una obra que traza una cartografía implacable del país: desde los retratos de artistas célebres (como por ejemplo el de Truman Capote tras el éxito de A sangre fría ) hasta la filmación en Salesman , su obra maestra, de unos vendedores ambulantes de Biblias, de quienes no sólo explora las motivaciones y técnicas para convencer a los compradores, sino también las formas exacerbadas de religiosidad. * * * * * * Albert y David Maysles, por Sergio Wolf Resulta muy curioso que, en los inicios de su carrera, Albert y David Maysles pensasen que el cine pudiese acercarse al “periodismo filmado” y, sobre todo, que compartiesen esta visión con otros cineastas como por ejemplo Don Allan Pennebaker o Richard Leacock. Y resulta curioso porque, hasta finales de la década de los cincuenta, “el periodismo filmado” únicamente había dado muestras o bien de impersonalidad o bien de la comodidad de los clichés de la voz en off y del montaje ilustrativo; sin embargo, lo que hicieron los hermanos Maysles fue definir un cine de autor denominado “cine directo”, mediante el que prevalecía una rotunda toma de posición: la de no intervenir sobre las escenas. De ese grupo y época, Albert y David Maysles quizá son los documentalistas más secretos. Nacidos respectivamente en 1926 y 1932 en Nueva York, nunca estudiaron cine, sino psicología, tema sobre el que Albert basó su ópera prima, Psychiatry in Russia . Construyeron un discurso acerca del cine, si bien trabajando sobre el cruce entre política y arte, de tal modo que su magistral Grey Gardens , acerca de la excentricidad de la tía y la prima de Jacqueline Kennedy, parece una síntesis de dicho cruce. En el año 2002, en una conferencia ofrecida en el Centro de Capacitación Cinematográfica de Méjico, Albert Maysles (sin su hermano David, fallecido en 1987) recordó una frase que esas mujeres pronuncian casi al principio de Grey Gardens: “Pasen, todavía no estamos listas”. Resulta fácil creer a Maysles cuando dice que esa frase entraña una clave de su cine: la de intentar capturar algo que todavía no está listo o preparado para filmarse, entendiendo que esta falta de preparación constituye el documental en sí, su corazón. Como buenos militantes de ese “cine directo”, los Maysles se convirtieron en expertos a la hora de capturar los momentos de filmación de procesos específicos ( Christo's Valley Courtain , Umbrellas , e incluso Gimme Shelter ) así como en expertos en hacer ver cómo el hombre, especialmente el artista, transforma la realidad a fin de producir algo bello, o como su libertad aflora cuando no tiene nada, como tan bien advierten en Grey Gardens . El cineasta que se dedica a los documentales debe prescindir de los juicios y abandonarse a ese “viaje aleatorio” con la mente abierta para que, de ese modo, lo nuevo que irrumpe sea filmado por el realizador. No obstante, la frase que preside Grey Gardens también entraña esa voluntad por atrapar algo que se sabe que siempre está a punto de esfumarse, esa persistencia para esperar que las situaciones se produzcan, ese amor hacia sus personajes que los hizo famosos y que siempre fue su fuerte: el arte del retrato del personaje o de los personajes. Podía tratarse de un vendedor de Biblias como sucede en Salesman , de un concierto de los Rolling Stones en Gimme Shelter , de Marlon Brando, de Vladimir Horowitz, de la llegada de los Beatles a los Estados Unidos en What's Happening , o de las seis películas que dedicaron a los trabajos del artista plástico búlgaro Christo Javacheff (...). El vínculo con el arte se establece con quienes son capaces de ver otras capas o sentidos de la realidad, y eso es lo que hace que estos personajes resulten interesantes a los ojos de los Maysles. En este sentido, Christo es como el tercer hermano Maysles (familia a la que debería añadirse Charlotte Zwerin, montadora y codirectora ocasional de algunos de los films): alguien que va en contra de convenciones y convencionalismos y que, a su vez, no se aísla del mundo, pues sigue viviendo y creando en y para ese mundo. No menosprecia a los demás por ser distintos, sino que opina que precisamente esa diferencia otorga sentido a su modo de entender el arte. Lo mismo ocurre con Albert y David Maysles, siendo el gran arte de éstos el de encontrar el punto exacto a fin de comunicarse con sus personajes, a fin de establecer un estado de confianza y de complicidad con ellos y, al mismo tiempo, llegar a extraer el mismísimo núcleo de sus vidas, de sus terrores y fulgores. De eso trata el cine de Albert y David Maysles: de la búsqueda de la verdad. Pero no de una verdad que intenten revelar en una entrevista, de una verdad surgida del forcejeo propio de los cineastas ansiosos o voraces, de una verdad parecida a la información que alguien atesora y a quien se le debe fustigar o buscar hasta lograr que se canse, o se embrolle, o decida ofrecerla a los directores y al espectador. Los Maysles no entienden al otro como objeto, sino como personaje que debe amarse y comprender para dedicarle un film, en la medida en que el punto de vista es algo que se construye mediante muchas verdades que van perfilando una totalidad. Como si cada una de estas verdades añadiera un trazo al dibujo de un rostro que va apareciendo lenta pero infatigablemente ante los ojos del espectador. El cine debe constituir un medio para comprender al otro. Por ello se da esa fascinación que jamás ocultaron por A sangre fría , de Truman Captote; es decir, por la invención de una narrativa a partir de hechos reales. En el documental no hay camino: es el documentalista quien debe trazarlo, sostiene Albert Maysles en muchas entrevistas. Pese a que no hicieron películas sobre cualquier tema, para ellos no se trata de descubrir un camino antes inexistente: no hay atajos, ni fórmulas, ni seguridades. El documental es un salto sin red. Es como la música, que puede escucharse incluso si se ignora la melodía..* * * * * * Los Mayles y Salesman Fascinados por los artistas y por los procesos creativos, los Maysles perfeccionaron una aproximación al cine directo mediante la que contenido y forma no pueden separarse. Los hermanos Maysles (Albert, el cámara, se une a David, el sonidista, a través de una especie de cable simbiótico) son los ojos y los oídos para un acercamiento muy sofisticado al cine directo que, como las novelas de “no ficción” de escritores como Truman Capote o Tom Wolfe, se sirven de las técnicas de la ficción a fin de dar forma al registro de los acontecimientos actuales. Los Maysles fueron los primeros cineastas en utilizar el término nonfiction para describir su trabajo, del mismo modo que también lo llamaron direct cinema en vez de cinéma verité . [...] Salesman , un film de Albert y David Maysles, con la colaboración de su montadora Charlotte Zwerin, sigue a cuatro vendedores de la Mid-American Bible Company en Boston y Florida [...]. Paul Brennan constituye el foco del film, no únicamente por su estilo, su forma de vender o su introspección, sino por ser un actor natural, sin conciencia de cámara, capaz de improvisar, recordar o reírse en la adversidad. Del mismo modo que sus parientes de ficción Willy Loman ( Muerte de un viajante , de Arthur Miller) o Harry Hickey ( Llega el hombre de hielo , de Eugene O'Neill), Paul va más allá de ser un mero vendedor en tiempos difíciles. Los Maysles lo filman en un dilema existencial, atrapado entre un trabajo sin sentido y los dictados de su corazón. Paul podría ser interesante si vendiese maquinaria pesada, calzado o seguros; sin embargo, lo que vende es la Biblia, que para él es una especie de materia prima [...]. Entre los muchos temas acerca de la sociedad americana y los valores de ésta que aparecen en Salesman , el film incluye el dilema clásico americano entre los valores materiales y los espirituales: el vendedor de Biblias descubre que su labor, más que en vender libros, consiste en hacer que los compradores le pongan la fe a prueba. De todos modos, pese a la pequeña grieta que surge entre fe y duda (los libros son muy caros), al final suele terminar vendiéndolos. Independientemente de cómo, Salesman trata de gente solitaria que necesita la Biblia para confirmar una fe engendrada por el discurso del vendedor; trata de la culpabilidad que sienten cuando no tienen necesidad del libro o cuando no se lo pueden permitir. Éste es un film que no busca ser un análisis social [...], si bien muchos momentos lo convierten en un documento sociológico especialmente valioso. Salesman lleva el sello del cine directo; es decir, el control de la tensión entre la forma del film y el contenido. Es evidente, tanto por el film en sí como por los comentarios de los directores, que éstos han puesto especial esmero en el tema y que han sentido la profundidad de las implicaciones que iba a tener. El montaje de Zwerin mantiene la tensión entre el afecto de los hermanos Maysles hacia Paul Brennan y el deseo de mostrarse objetivos durante el rodaje. El resultado es un tratamiento del tema inteligente, directo e ingenioso, caracterizado por la comprensión y el respeto por la línea existente entre ficción y hechos. Salesman es notable no únicamente por ser hábil a la hora de sostener la grabación de “no-ficción” en un largometraje, sino por su magnífica filmación y sonido. Tanto desde el punto de vista técnico como conceptual, se distingue por su originalidad, el dominio inteligente del tema y su fidelidad a la verdad.Richard M.Barsan, Non-Fiction Film. A Critical History, Indiana University Press, 1992
A Visit With Truman Capote (With Love From Truman), Albert and David Maysles, 1966, 29', 16mm Salesman, Albert and David Maysles, 1968, 90', 16mm http://www.cinematicreflections.com/Salesman.html DISTRIBUIDORAS MAYSLES FILMS |