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Domingo 4 de marzo, 18:00 h

VARIACIONeS DE Lo REAL
SHIRLEY CLARKE

Shirley Clarke es la gran cineasta del New American Cinema. The Cool World —producida por Frederick Wiseman— es una de sus obras maestras: un retrato crudo de la vida en las calles de Harlem, en el cual acompaña a un grupo de adolescentes negros en su iniciación criminal. Clarke conectó el registro documental con el ritmo de jazz de la banda sonora compuesta por Dizzie Gillespie. «Hay dos partes en mí: me gusta mucho la inmediatez, la realidad. Y, por otro lado, me encanta trabajar el cine de una manera muy estilizada. En The Cool World he querido unir las dos caras.»

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El punto de partida para mayo. Entrevista con Shirley Clarke, por Michel Delahaye y Jacques Rivette

Shirley Clarke: [...] The Cool World es una combinación de dos cosas. Por un lado están las escenas rodadas con los actores, que son verdaderas escenas de calle, con gente que estaba verdaderamente en la calle. Mi operador de cámara tenía como objetivo filmar las escenas a partir de una lista de lo que yo quería, por ejemplo: «perros solitarios bajando por la calle», «rostros de personas que se giran a la cámara», «niños jugando peligrosamente en la acera», etc., pero yo quería que los dos tipos de escenas se combinaran con una cierta unidad de tono y estilo, y que, ya finalizado el film, todo pareciera rodado con el mismo espíritu. Este procedimiento me dio mucho margen de maniobra en el montaje. [...]

Por otro lado, me parece que cada vez me inclino más, tras escoger mi tema, por pensar únicamente cómo hacerlo. Cuando el «qué» está decido, sólo pienso en el «cómo».

Cahiers: The Cool World representa un caso singular, porque es un film con un guión, muy dirigido, un film «teatral» y un documento.

Clarke: Lo más difícil en el film fue trabajar sobre estos planos tan diferentes. Por ejemplo, tenía a niños que no eran actores y que no podían repetir sin perder lo que les daba su calidad, mientras que los adultos eran profesionales a los cuales yo prohibía repetir. Entonces procuraban siempre escaparse a una esquina para repetir y ensayar tranquilos, y yo intentaba descubrirles para pelearme con ellos y decirles que no podían hacer eso, ¡que no era su tarea! Fue muy difícil, por tanto, conservar a todos esos personajes en el mismo plano, y no estoy segura de haberlo conseguido en todo momento. Pero encontré algunas reglas para guiarme. Por ejemplo, si tenía que hacer más de tres tomas para sacar adelante una escena, es que algo no iba bien desde el principio; entonces la dejaba y la retomaba a partir de una base diferente.

Sin embargo, aún hoy me molesta ver que los niños no son actores y que los adultos interpretan. Eso sí, interpretan muy bien, porque yo tenía un reparto muy bueno, pero es precisamente eso lo que molesta. Es como los filmes con vedettes : si tienes al actor conveniente, el director ya se puede ir a casa, porque sólo deberá ordenar un poco las cosas y nada más.

Sí, todo fue difícil en The Cool World . Más aún si, en un film, se comienzan a ver las cosas desde un cierto ángulo y se quiere poner prácticamente todo dentro. Entonces hay que escoger y eso es duro.

Cahiers: Se constata una vez más que al público le cuesta mucho entender filmes como The Cool World , que tienen muchas dimensiones. Siempre se aprecia la tendencia a reducirlas todas a una sola. Me parece que en The Cool World , esquematizando un poco, hay el clima propio de toda juventud y al mismo tiempo de toda revuelta, pero encarnado a través de los problemas particulares de un cierto grupo, que es el de los negros americanos. Aunque partamos de uno u otro plano, al final, debemos cruzarlos. Pero la reacción de la gente, en lo que concierne a los negros, suele consistir en decir que esta línea no puede tener ningún punto en común en lo que concierne a los otros hombres. Además, si no piensas esto, te tildan de racista.

Clarke: Sobre eso se pueden decir muchas cosas interesantes en relación con las reacciones a The Cool World a partir de su contenido. Un día mostré el film a Malcolm X, antes de que estuviera acabado, porque pensaba rodar una secuencia en la que aparecería él (aunque más tarde decidí no incluir en mi film a ningún personaje real). Vio el film y su comentario ante la escena del niño con su madre fue: «Sí, es el problema negro». Vio el film, por tanto, como algo muy específico, pero eso depende de quién ve el film. Para los negros americanos —y eso es muy importante— es el único film hecho en Harlem y el único que muestra los problemas que comporta ser negro.

Pero, desde el otro lado, cuando un blanco americano ve el film se siente muy culpable, porque le parece que el film ataca a los blancos. De hecho, todo el principio del film es deliberadamente un ataque feroz a los blancos de los negros nacionalistas.

Con los europeos pasa algo diferente. Langlois me dijo que había visto el film en compañía de muchos rusos y que después de la proyección le preguntaron quién era el racista que podía haber hecho eso... Le costó mucho explicarles que quizás eran ellos, los racistas, y no el realizador.

Creo, en cualquier caso, que en todos los países el problema hoy en día se ve de una manera totalmente falsa. Cualquier persona arrastra tantos prejuicios consigo misma que no se puede tomar muy en serio una crítica del film que se sitúe en este plano preciso. Yo, en este plano, lo puedo juzgar y sé que se ha hecho de la manera más honesta posible. Sencillamente, ningún film puede estar solo. En resumen, The Cool World es para mí el único film que podía rodar sobre los mismos lugares donde se viven estas cosas. Estoy de acuerdo en que las resonancias de ciertas situaciones son absolutamente generales, pero no hay que olvidar que el hecho de que se trate de los negros americanos aporta a estos problemas dimensiones muy particulares y que no tienen equivalente en otro lugar. No puedo estar de acuerdo con aquellos que sólo quieren ver problemas generales, pero tampoco con aquellos que sin ser negros particularizan el film hasta el punto de identificarse con los negros, como en el caso de algunos canadienses que dicen: «¡Es un film sobre nosotros!».

Cahiers du cinéma, nº250, octubre de 1968

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Entrevista con Shirley Clarke, por Axel Madsen

Cahiers: ¿Tienes dificultades de distribución con The Cool World ?

Clarke: Sí, todavía no he encontrado distribuidor americano. No es un film de ocio. Es la primera película enteramente rodada en Harlem, y no hace trampas con el problema negro, ni de un lado ni del otro. Es bastante curioso que a las personas de izquierdas, en general, no les guste; los «liberales blancos», aquellos que están dispuestos a hacer «avanzar» a los negros, están ofuscados porque en el film hay negros que no son simpáticos. En Europa pasó lo mismo: en Venecia, el año pasado, la prensa italiana habló bien del film, excepto los comunistas; en Francia, a Le Monde le gustó, pero no a L'Express . Es curioso, ¿no? Los «liberales», al menos los de aquí, no quieren ver al «negro malo». Yo era más o menos liberal antes de empezar The Cool World , pero acabé odiando a algunos negros; eran paranoicos... aunque se entiende. Para ti o para mí, subir a un autobús es subir a un autobús, pero para ellos es una prueba de lo real ( a realistic challenge ). Nunca saben qué puede pasar; su crecimiento y su desarrollo están en desventaja desde la infancia. En verdad, es un milagro que no se hayan vuelto locos de remate.

Cahiers: ¿Cuál fue la reacción del público negro?

Clarke: En un preestreno en Harlem, la gente decía simplemente: «Es la verdad». Malcom X vio el film, Miles Davis también. Me dijo que el subtítulo del film debería ser «The Truth».

Cahiers: ¿Y qué decía Malcolm X?

Clarke: Pues que era el único buen film hecho en América. Es el primer film que muestra Harlem tal como es: un lugar triste, sucio, deprimente. Por otro lado, mientras rodaba me di cuenta de la gran diferencia entre el hombre negro y la mujer negra; se puede decir que el problema del hombre negro y de la mujer negra es el mismo, pero el de ésta todavía no se ha planteado, excepto si es soltera y trabaja.

Cahiers: ¿ Tu puesta en escena, en el estilo documental, comporta tomar partido o es el resultado de unos medios económicos limitados?

Clarke: Las dos razones. El film «adulto», como lo llamamos nosotros, aún no existe en América; aún no estamos preparados. Cuando tienes fama de ser una cineasta «intelectual» es muy difícil conseguir fondos importantes. Todos los distribuidores dicen que el film es formidable, pero que no generará ni un céntimo.

Pero esta puesta en escena es muy deliberada. Intenté que la cámara fuese muy subjetiva para obligar al espectador a entrar a fondo en el tema; también intenté dar al film una verdadera fluidez. La esencia del cine reside siempre en el montaje, es decir, en la fluidez coreográfica; eso es lo que busca Norman McLaren: cambiar una cosa por otra, transformarla, modularla...

La primera responsabilidad de un cineasta es dar su visión de las cosas. La mujer es eminentemente «visionaria» y hecha para el cine, que es diversificación y síntesis. Para mí, hacer cine es hacer las tareas domésticas en público. Igual que un ama de casa, el cineasta debe saber de todo un poco.

El cine debe ser visión del mundo. Deberíamos poder salir a la calle y filmar cualquier cosa «a punto de acontecer». El cine surge si uno es muy, muy vivo... si sólo podemos aprender a verlo como una experiencia y no como ocio. Es la única de las artes que puede proporcionar esta inmediatez. Podemos acercar nuestra cámara y podemos ver respirar a los personajes. Es por eso que nos fascinamos por una vedette , porque la vemos respirar; primero te fascina Cary Grant, luego el personaje que interpreta, porque lo vemos vivir. Como a mis niños de The Cool World : es viéndoles vivir y respirar que, quizás, el odio racial se acabe superando un día; por el cine quizás podamos aprender a querernos. [...]

Cahiers: ¿Nos puedes hablar del sonido?

Clarke: Utilizo el sonido dramáticamente. Para mí, la música es casi una «pista de efectos», pero eso desconcierta al público, ya que no pertenecen necesariamente a los personajes a los cuales vemos hablar, sino también a los que están en off . Escribo mi planificación sin seguir cada paso a la fuerza. Ruedo de un bloque partes enteras y otras están mucho más trabajadas. Si, después de cuatro o cinco tomas, no tengo la escena tal como la veía, es que algo falla y la ensayo de otra forma. Es ésta, quizás, la gran ventaja de los neoyorquinos sobre la gente de Hollywood. Nosotros estamos más cerca del cine «total»; casi todos hemos tomado fotos o hemos montado, mientras que los directores de Hollywood no conocen nada. ¡Qué lástima ver una formidable dirección de actor malograda porque el director no sabe dónde poner la cámara!

Cahiers du Cínéma, nº153, març de 1964


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FILMOGRAFÍA SELECCIONADA

The Cool World, Shirley Clarke, 1963, 125', 16mm

 




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