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Domingo 8 de abril, 18:00 h VARIACIONES DE LO REAL El cineasta inglés Peter Watkins no ha dejado de criticar las formas de representación institucional, creando ensayos y fábulas de política ficción. Un cineasta en los márgenes, en la resistencia. The Forgotten Faces reconstruye la revuelta de los estudiantes y los obreros húngaros contra la Unión Soviética en 1956. The Punishment Park es la historia de un campo de prisioneros norteamericanos en el desierto, donde son recluidos los pacifistas, los hippies o los black panthers . Esta crónica profética sobre la abolición de los derechos humanos, la represión y la tortura de estado fue prohibida en los Estados Unidos. * * * * * * The Forgotten Faces The Forgotten Faces, recreación cinematográfica de la Revolución Húngara de 1956, hizo que Watkins lograra otro Oscar del cine amateur y, hasta hoy, la película está considerada en Inglaterra como «uno de los más memorables filmes amateurs de todos los tiempos». The Forgotten Faces supuso un paso adelante en los métodos de reconstrucción realista iniciados en The Diary of an Unknown Soldier . Es muy probable que Kevin Brownlow le aportara parte del impulso necesario para seguir en esta dirección, ya que, al igual que Watkins, él también trabajaba en World Wide, en parte para pagarse su propio proyecto cinematográfico, que versaba sobre lo que habría sucedido en Inglaterra si hubiese sido ocupada por los nazis ( It Happened Here ). Así mismo, Watkins se inspiró en Los 400 golpes ( Les Quatre cents coups , 1959), de François Truffaut, y en la obra de los neorrealistas italianos, que, aunque no trataban de lograr efectos de documental, al menos se servían con frecuencia de no-profesionales para las secuencias en exteriores que se rodaban con la iluminación de que disponían. No obstante, las películas de Rossellini, De Sica, Olmi y el primer Visconti tuvieron poca influencia directa en el rechazo de Watkins hacia los artificios cinematográficos tradicionales y su intento de recrear acontecimientos de una manera realista. «La mayor parte de mis impresiones sobre lo que yo denominaría documental o recreación de la realidad procedían de la observación detallada de fotografías. Creo que de ahí vienen mis sensaciones en lo que se refiere al grano propio de la emulsión fotográfica y a la gente que mira a la cámara... sobre todo esas fotografías tan duras que se tomaron en las calles de Budapest y que se publicaron en Paris Match y en Life . Aquél fue mi primer encuentro serio con una situación real.» [...] The Forgotten Faces no es un panfleto político sectario y simplista. Watkins muestra con claridad sus simpatías por los revolucionarios, pero su cámara no deja de revelar algunas de las atrocidades cometidas por las multitudes en busca de venganza contra los miembros de la AVH (la policía secreta). El comentario llega incluso al punto de plantear la grave cuestión de cuál habría sido el comportamiento de los revolucionarios si hubiesen ganado. «¿Si los luchadores por la libertad hubiesen llevado a cabo realmente la revolución, se habrían vestido algunos de ellos con uniformes parecidos para mantener a aquellos hombres (los miembros de la AVH)?». En su análisis final, la película de Watkins presenta de manera convincente una situación en la que muchas personas fallecieron como consecuencia del fracaso de otras al tener que adoptar «una firme postura moral», en este caso la OTAN y las potencias occidentales, totalmente implicadas en aquellos precisos días en la invasión de la zona del Canal, en Egipto (P. W.). Como tal, la película no está dedicada en exclusiva a un suceso histórico: es un toque de atención dirigido a nosotros, el público, para que tomemos partido, para que expresemos nuestros sentimientos y nuestras creencias cuando nos resulte necesario hacerlo. Con este film, Watkins marcó el punto de partida de su compromiso para despertarnos de la falsa seguridad de nuestra feliz apatía, y, a pesar de que su carrera ha estado repleta de frustración y de penurias personales, nunca ha perdido de vista sus intenciones ni ha abandonado la creencia en la dignidad del individuo que desafía a las fuerzas de una sociedad represiva. Puede ser que en la época en que trabajaba en The Forgotten Faces Watkins aún no hubiese formulado todos los motivos que había detrás de su deseo de convertirse en cineasta, pero lo que sí tenía claro es que quería experimentar aún más con las técnicas de recreación realista. La dirección de producciones amateur a gran escala también le llevó a darse cuenta de que hacer cine bajo determinadas circunstancias puede ser una experiencia colectiva gratificante y que los aficionados, cuando disponen de un marco de trabajo especial, pueden llegar a niveles de intensidad y de entusiasmo que no se dan en los ámbitos más convencionales de la creación de películas. El entusiasmo y la intensidad que llenaron los nueve días de rodaje de The Forgotten Faces vienen dados, en parte, por la participación de la mayoría de los miembros de Playcraft, que formaban el núcleo del reparto. El lugar de rodaje principal del film fue una calle sin salida de Canterbury (Gas Street) donde se encontraban las abandonadas obras de canalización de gas de la ciudad. Para conseguir que la zona se pareciera a una calle de Budapest de finales de octubre de 1956, sujetaron pequeños árboles a la superficie de la acera con redes de alambre y vertieron encima montañas de basura. El rodaje no se interrumpía durante las horas de luz diurna y, como el guión nunca llegaba a completarse, Watkins improvisaba al dictado de las necesidades puntuales o de la buena suerte. En un momento dado, por ejemplo, un turista iba paseando de camino a una iglesia cercana. En cuestión de minutos tenía puesto un uniforme de soldado y era llevado a empujones contra un muro donde iba a ser fusilado. En la versión definitiva de la película esta secuencia posee una efectividad especial, a causa del sorprendente parecido de aquel turista con uno de los hombres de la AVH retratados en la famosa fotografía que John Sadovy realizó del incidente real. Ninguno de los participantes tenía que hablar en su papel, con la excepción del comentario del narrador, que se añadió después del montaje del film. Por este motivo, Watkins sólo trabajó con el reparto en términos de movimiento y expresión facial. Finalmente, después de revelar más de 60 minutos de película, Watkins se pasó meses editando el material hasta llegar a su forma definitiva de 17 minutos... Aquel período no sólo fue «el más feliz» de toda su carrera como cineasta, sino que, para Watkins, los años de amateur fueron esenciales. Sin esos años no cabe duda de que su obra cinematográfica hubiese tomado una dirección totalmente distinta. «No sólo creo que, desde un punto de vista artístico, mi obra ha surgido de mis experiencias como amateur , sino que también pienso que mi capacidad para luchar, para seguir adelante y para desarrollar e ir después de mi propia forma de mirar... hunde sus raíces en aquella experiencia».Joseph Gomez, Peter Watkins , Twayne Publishers, Boston, 1979. * * * * * * Punishment Park Trasfondo: 1970. La Guerra de Vietnam se intensifica. El presidente Nixon ha decidido llevar a cabo un bombardeo secreto en Camboya. Se producen masivas protestas populares en los Estados Unidos y otros lugares. Nixon declara el estado de excepción nacional y, como presuponemos en la película, aplica la Ley de Seguridad Interna de 1950 (la Ley McCarran), que autoriza a las autoridades federales, sin contar con el Congreso, a detener a personas consideradas como «un peligro para la seguridad interior». Rodaje: Punishment Park se rodó en agosto de 1970 en el desierto de Sant Bernardino, a unos 100 km de Los Angeles. El reparto, como de costumbre, era una mezcla de actores principalmente no profesionales y jóvenes profesionales, la mayoría de Los Angeles y alrededores. Todos los miembros del tribunal fueron interpretados por ciudadanos de Los Angeles: un dirigente sindical, un dentista, un ama de casa... Realizada en 1970, Punishment Park trataba de llevar a las pantallas de cine las polaridades esenciales que presidían la vida política y social norteamericana, y que habían salido a la luz con los acontecimientos de finales de los años sesenta. La trama del film se sitúa en el futuro, en un hipotético campo de detención para activistas políticos radicales, un campo donde el gobierno federal intenta matar dos pájaros de un tiro: eliminar la oposición radical a la política gubernamental y entrenar la policía y la Guardia Nacional para enfrentarse a la futura resistencia activa a esta política. A lo largo de la película, Watkins desarrolla una compleja estrategia de planos intercalados con el propósito de dar a conocer, por un lado, lo que sucede en un tribunal en que se «juzga» a un grupo de radicales, a los que se declara culpables y se les ofrece «la opción» de pasar siete años en una penitenciaría federal o unos cuantos días en Punishment Park, y, por otro, los sucesos que tienen lugar en el exterior del propio Punishment Park, donde los radicales condenados en un juicio previo tienen tres días para llegar hasta una bandera norteamericana colocada en una colina a unos 80 km de allí, a través del desierto de California. Por medio del film, Watkins es implacable cuando revela los histéricos argumentos a favor y en contra expuestos en el tribunal (algunos de ellos inspirados directamente en el juicio de los Siete de Chicago), así como la brutalidad con que la policía persigue a los presos de Punishment Park con el objetivo de matarlos o devolverlos a la cárcel federal. A pesar de la evidente energía y la efectividad de Punishment Park , casi todos los grupos de espectadores entre los cuales he estado presente se han sentido extremamente incómodos durante y después de la película, y muchas personas, a título personal, han expresado una notable hostilidad. Cuando se les pregunta sobre sus objeciones, los que se muestran hostiles al film argumentan, por regla general, que los personajes de Watkins son «planos», que su trama es «simplista» y que su lectura de la situación política en los Estados Unidos es «histérica» y «paranoica». Estas acusaciones, en parte, resultan del fracaso obvio de la película en lo que se refiere a ajustarse a lo que los espectadores esperan de la experiencia de ver cine. Punishment Park no sólo es una película política (género que, por norma, es poco popular entre los norteamericanos), sino que, a diferencia de filmes políticos más populares, como Todos los hombres del presidente ( All the President's Men , 1976) y Caballero sin espada ( Mr. Smith Goes to Washington , 1939), no ofrece héroes y heroínas atractivos con los que el público pueda identificarse cómodamente. Además, Watkins no resuelve los dolorosos acontecimientos que tienen lugar para restaurar de este modo el orden antes de que los espectadores abandonen la sala. No se soluciona nada, ni con la permanencia de los personajes en Punishment Park ni con el juicio. Cuando un grupo de almas confiadas consigue al fin cruzar el desierto y llegar a la colina con la bandera norteamericana, los miembros de la Guardia Nacional les propinan una paliza brutal, y todos los que son declarados culpables por el tribunal eligen ir a Punishment Park, donde da la sensación de que todos estos sucesos se repetirán una y otra vez. La película, en otras palabras, deja al público insatisfecho de manera casi inevitable. [...] Es posible que la objeción más frecuente de entre las que se esgrimen contra Punishment Park implique a su vez la sensación de que Watkins no es lo suficientemente optimista. Irónicamente, sin embargo, la solución que Watkins da a los problemas que saca a la luz se encuentra implícita en su forma de tratar a aquellos que intervienen en la película y a aquellos que la ven. Es obvio que piensa que debemos empezar a hablar de nuestros problemas y a plantar cara a todo lo que sea inadecuado del pensamiento con que solemos abordarlos. Si no somos capaces de hacerlo cuando los acontecimientos no nos someten a una presión directa, mal podremos luchar cara a cara con las consecuencias de nuestras evasiones.Scott MacDonald, Film Criticism , Edinboro-Pennsylvania, EUA, primavera de 1979. The Forgotten Faces, Peter Watkins, 1960, 17 min, vídeo http://www.shellac-altern.org/ http://www.mnsi.net/~pwatkins/DISTRIBUIDORAS SHELLAC40 Rue de Paradis 75010- Paris Tel: +33 1 42 55 07 84 Fax: + 33 676 41 21 72 www.shellac-altern.org toma@shellac-altern.org |