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Jueves 26 de abril, 20:30 h ANDREI UJICA: DIARIO ESPACIAL Andrei Ujica recoge todo el material filmado de un grupo de astronautas rusos durante un año de viaje espacial en el que la Unión Soviética dejó de serlo. El documental al que da forma Ujica acaba siendo un diario de unos cosmonautas muy carismáticos que hacen ejercicio, comen, se ríen, y al mismo tiempo una colección de imágenes sensacionales del planeta Tierra en la distancia. Cuando aterrizan y los asalta la prensa, enseguida aparece gente que tapa los parches de la Unión Soviética de sus vestidos de cosmonautas, con lo cual el film se ancla en un momento histórico concreto. Están de acuerdo en que lo que más echan de menos de la Tierra es la gente. * * * * * * Out of the Present (Alemania / Francia / Bélgica / Rusia 1995) Sinopsis Mayo de 1991. Anatoli Arzebarski, coronel de las fuerzas aéreas soviéticas, dirige el despegue de un cohete hacia la estación espacial Mir. Acompañan al coronel el ingeniero aéreo Sergei Krikalev y la investigadora británica Helen Sharman. Krikalev viaja con una cámara de cine de 35 mm para grabar su estancia en el espacio. Los cosmonautas se comunican con el presidente soviético Mijaíl Gorbachov mediante una conexión de radio. Sharman regresa a la Tierra tras ocho días y Arzebarski y Krikalev se quedan en la Mir llevando a cabo un programa de experimentos. Reciben visitas de investigadores de otras naciones. La duración acordada para el viaje de Arzebarski y Krikalev era de seis meses. Sin embargo, la situación política requiere que el investigador Toktar Aubakirov, de Kazajstán, sea incluido en la misión porque la Ciudad de las Estrellas, el centro espacial soviético, está en Baikonur, territorio que pronto pasaría a ser del Kazajstán independiente. Esto implica que Krikalev debe continuar en la Mir cuatro meses más. Mientras está en el espacio, la Unión Soviética se ve transformada por los hechos de agosto de 1991: Gorbachov es reemplazado por Boris Yeltsin. La ciudad de origen del cosmonauta cambia de nombre, de Leningrado a San Petersburgo, y la URSS se convierte en la CEI. El día en que Krikalev regresa a la Tierra en marzo de 1992 recibe la bienvenida de Arzebarski, que pasa a ser coronel de las fuerzas aéreas rusas.Análisis La primera secuencia visual de este documental discursivo es una maravilla, puede que diseñada a propósito para hacer referencia al montaje de huesos y nave espacial de 2001: Una odisea del espacio (1968). Una imagen en vídeo gris y con mucho grano muestra números y símbolos cirílicos a través de la pantalla, agrupándose en torno a una formación que parece un ideograma japonés, hasta que nos damos cuenta de que se trata de la estación espacial Mir. A continuación, el film presenta un corte entre una imagen del espacio de baja resolución y una imagen limpísima en 35 mm de la Mir en órbita, con la Tierra verde y azul como telón de fondo, mostrando la gran luminosidad del espacio cercano en vez de la oscuridad del espacio profundo tal y como se ha interpretado en innumerables películas de ciencia ficción. La cámara se va acercando mientras la nave se acopla al cargador. Más adelante, la Mir se transforma en una aproximación a la estación espacial circular de 2001 mientras un vals de Strauss evoca el film de Kubrick y una superimposición de efectos en una de las pantallas interiores de la nave real crea la ilusión de que la Mir se está acoplando a una estación irreal. Dicha simbología causa escalofríos entre el público occidental, y es posible que tenga efectos similares en el público ruso, pues lo que vemos es una imagen de cine real y no una recreación, mientras la Mir se sostiene en el aire sobre la superficie de Solaris, el planeta que protagoniza la epopeya homónima de Tarkovski de 1972. A pesar de la narración de Anatoli Arzebarski al estilo de Jacques Costeau, el documental se abstiene de personalizar a sus personajes, tal vez para distanciarse deliberadamente del objeto que analiza en un ambiente político en el que conviene hacer uso del tacto. Sergei Krikalev, el «héroe» y casi autor del film (es él quién está detrás de la cámara), es un hombre joven y ordenado que prescinde de una actitud quejumbrosa, y que es incapaz, ante las repetidas entrevistas con la prensa, de decir lo que opina sobre los cambios que están ocurriendo en la Tierra durante su ausencia. En su lugar, desea hablar del fenómeno astronómico que observa desde el espacio. Vemos a Krikalev corriendo en una máquina para hacer ejercicio (otro eco de 2001) y cortando el pelo de un camarada en gravedad cero (tras lo cual pretende no reconocerle, en broma, y exclama: «¡Ah! ¡Un alienígena!»). El film no da a conocer si es que se siente afectado por su aislamiento de diez meses fuera de la Tierra. Gran parte de las imágenes recogidas dentro de la Mir consiste en fragmentos y retazos de los cosmonautas e investigadores flotando (Helen Sherman en un camisón rosa), o persiguiendo burbujas de Coca-Cola y colgando tiras de espaguetis (igual que Homer persiguiendo patatas en el capítulo de la nave espacial de Los Simpsons). El único experimento que muestra el film es un fracaso pintoresco, en el que un globo que recoge atmósferas se llena y explota. Tras este documento, es imposible saber cuál es la función real de la Mir. Una lectura entre líneas revela algunas pistas extrañas. Claramente, los cosmonautas utilizan la expresión «investigador/a» como sinónimo de «turista», aplicada a los astronautas británicos, rusos y kazakos transportados hasta la Mir tanto para recaudar fondos y hacer publicidad como por razones científicas reales. Una vez allí los investigadores parecen fuera de lugar, entre las almas del ejército cuya función es dirigir naves espaciales (el simpático kazako se entretiene con un avión de juguete que cuelga sin peso). Observamos pequeñas tradiciones sociales rusas, como los regalos que se ofrecen a aquellos que se marchan de la nave y el pan y la sal que se ofrece a los nuevos miembros al llegar a la estación. Mientras tanto, los protocolos de regreso a la Tierra implican sacar a los cosmonautas de sus trajes cápsula remolcándolos en sillas de ruedas dada su falta de familiaridad con las sensaciones y los efectos de la gravedad. Out of the Present se permite no imponer una narrativa a la misión espacial y en su lugar muestra imágenes de tanques de guerra en Moscú, que parecen menos reales que las tomas de los cosmonautas que flotan por encima del mundo sin función concreta. Es éste un documental que requiere que el público esté dispuesto a mirar por la ventana durante un largo vuelo y que sea capaz de llenar los espacios en blanco por sí mismo. En cualquier caso, es una obra que nos afecta profundamente. Texto de Kim Newman para el Instituto Británico de Cine. Con: Anatoli Arzebarski, Sergei Krikalev, Alexandr Volkov y Helen Sharman.
Out of the present, Andrei Ujica, 1996, 96', 35mm http://on1.zkm.de/zkm/stories/storyReader$3222 http://solaris.hfg-karlsruhe.de/hfg/inhalt/de/Lehrende/1946 http://www.orbit.zkm.de/?q=node/195 http://www.artfacts.net/index.php/pageType/artistInfo/artist/34926#GalleriesDISTRIBUIDORAS ARNOLDFILM |