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Jueves 7 de junio, 20.30 h RESCRITOS Xcéntric colabora con el MICEC en una sesión dedicada a Pedro Costa, de quien este año, dentro del ciclo «Reescritos», se ha podido ver Juventude em Marcha y 6 Bagatelas . Pocos cineastas como Costa han trastornado el cine europeo contemporáneo. En esta sesión le veremos durante el rodaje de Juventude em Marcha ( Tout refleurit ) y se proyectará su penúltimo cortometraje, Ne change rien (sobre la actriz y cantante francesa Jeanne Balibar, con fotografía de Nobuhiro Suwa y del propio Costa) y su fascinante ópera prima, O Sangue , la historia de dos hermanos que, tras la desaparición de su padre, son perseguidos por unos criminales. Además, en el exterior de la sala se proyectará la videoinstalación Minimo macho, minimo Fêméa (2005), que consiste en una doble proyección de bandas de la película La habitación de Vanda y nos ofrece una vista que alterna escenas del exterior y los respectivos interiores de casas en las proximidades de Fontainhas. * * * * * * Las canciones de Ne change rien Rose, letra de Jeanne Balibar Ne change rien, letra de Jean-Luc Godard Torutre, letra de Kenneth Anger
Sobre la pobreza, la forma política y el cine portugués, por Pedro Costa Los límites del cine. Me gusta mucho la idea de que el cine tiene sus límites; si realizo un nuevo film, me gusta fijarme más límites, incluso límites de producción, de fechas, de duración, de medios. Aprecio mucho la pobreza del cine portugués. Es muy sana, porque es una pobreza que se puede vivir, sin tener que ceder. Pero antes era más fácil soportar la pobreza. Forma política. Lo que quiero es que la gente sea confrontada con la violencia de la forma. Imponer una violencia formal, ésta es una verdad histórica para los cineastas contemporáneos. Es lo que debemos hacer. Para mí, la política es una historia sórdida de prisiones, esposas, muertes, cadáveres. Como todo esto me da mucho miedo, la única manera de hablar de ello es hacerlo con el miedo inmenso que tengo, y debe ponerse en escena violentamente para tocar a la gente. Soy radical, pero pienso que es la única manera de realizar un film en Portugal. Un lastre inmenso pesa sobre nosotros, y nos hemos aprovechado de ello, colonizando, igual que continuamos aprovechándonos de nuestra infelicidad y de la de los demás. El carácter casi fúnebre de los portugueses es muy evidente. [...] Peligro en el cine portugués. Hoy en día, en Portugal vivimos uno de los momentos más mediocres de la historia reciente. Es una especie de mini-Italia. La corrupción, el escándalo diario, la arrogancia y sobre todo la falta de sensualidad, de belleza, de la delicadez que teníamos. Aquellos que deciden sobre el cine hablan muy mal de nosotros. La mujer que dirige esta nueva política ha elaborado una ley con el eslogan «Hay que conquistar al público », y luego ha viajado a los Estados Unidos para ver cómo se elaboran los guiones, como se puede conquistar al público. Es algo hipócrita, porque no tenemos industria. [...] Me parece muy importante esta historia de perdición, de maldición del cine portugués, de muerte que ronda por los filmes, en una obra, es como un dolor esencial del que no podemos despendernos. Ellos quieren volver la espalda al dolor del cine que somos capaces de realizar. Existe una vertiente muy sana: es necesario curar, nuestro cine es demasiado hermético, demasiado artístico, demasiado elitista, todo el mundo tiene algún defecto. [...] Se tiene a menudo este sentimiento: que la gente sabe lo que es, el cine. Eso me molesta siempre, más si cabe cuando son nuestros dirigentes los que están seguros de qué es el cine. Por eso hay que resistir. Pedro Costa, «De Lisbonne au Cap-Vert», Cahiers du cinéma , n.º 490, abril de 1995.
Tout refleurit en el Bafici, por Quintin Tout refleurit, de Aurélien Gerbault, es un documental sobre Pedro Costa y una excelente preparación para ver su última película, Juventud en marcha , una de las importantes del año. La sala estaba llena, hecho que sorprendió de nuevo a los invitados extranjeros presentes. Pero Costa es otro ídolo del Bafici y la leyenda continúa. La película está muy bien y muestra a Costa explicando su método de trabajo y su relación con los habitantes del miserable barrio de Fontainhas (donde se rodaron Ossos y La habitación de Vanda ) en las ruinas que quedaban de él cuando su demolición está a punto de concluir. Costa hace cine sobre los fantasmas y la estrategia de Gerbault permite una adecuada puesta en abismo: Costa habla donde no hay más que escombros, como si la gente y las casas aún siguieran allí. Pero, además, la película proporciona información muy interesante sobre la manera de rodar del cineasta, que filmó cotidianamente en el barrio durante muchos años y en estrecha proximidad con sus actores, haciendo 30 o 40 tomas de cada escena. Costa filma los fantasmas de lo cotidiano, pero también los de la historia de la colonización en Cabo Verde y de la explotación en Lisboa. Las explicaciones sobre el terreno, hablando de las casas que fueron derribadas y de la vida en Fontainhas documentada por sus propias películas, muestran la profundidad que puede adquirir el compromiso de un cineasta con un arte que poco tiene que ver con el de la mayoría de sus colegas. Como dice Costa del cine: «Yo hago otra cosa».
Entrevista con Pedro Costa sobre O sangue ¿Es cierto que fuiste músico? No, era una época en que cualquiera podía ser músico, coger una guitarra, una batería, tal vez para resolver alguna indefinición política. En 1974, en la Revolución de Abril, yo tenía 14 años. El 75 fue un período muy agitado en Portugal, con golpes de estado, y para un chico que vivía la agonía de un régimen muy mediocre era lógico inclinarse hacia la extrema izquierda. Como no militaba activamente, me expresaba mediante la música con un compañero mío... este amigo de la infancia siempre está allí. Estábamos un poco en la extrema izquierda y el anarquismo, y el rock era una necesidad política de afirmarnos de otra manera. Formé uno de los primeros grupos punk portugueses en 1977, y fue por él que entré en el cine: un día vimos un anuncio en el diario que decía «inscripción para la escuela de cine». Yo era más cinéfilo que mi amigo, que se interesaba más por la literatura. En aquella época, lo que me gustaba era John Carpenter. De manera que pasé de la música al cine, hecho que me ayudó a definir rápidamente muchas cosas. Y cuando vi las primeras películas de Ford, Chaplin, Ozu, Rossellini, comprendí que eso era para mí y empecé a filmar. Tu primer largo es de 1989, pero antes realizaste una película para niños. Sí, cuatro años antes de realizar O Sangue , con algunos compañeros de la escuela de cine intentamos formar una productora, porque no había ninguna en Portugal... en fin, estaba Manoel de Oliveira, quien en aquellos tiempos sólo era reconocido por Amor de Perdiçao . Se hacía poco cine nuevo —por ejemplo, Paulo Rocha—, pero el cine portugués vivía de Aniki Bóbó , la primera película de Oliveira. Por tanto, éramos como huérfanos. No existía industria ni mercado para el cine portugués, y nosotros formamos esta cooperativa y un día nos llegó una propuesta de la televisión estatal para realizar dos películas cortas de diez minutos para un programa infantil. ¿Dónde está rodada O Sangue ? En el valle de Tall. Era una zona que no conocía del todo, a pesar de que está a 50 km de Lisboa, pero fue escogida por razones cinéfilas. Me recuerda mucho a los arrozales, a los campos de Mizoguchi, o un poco a aquella niebla del valle italiano del Po. Sí, es una película que transmite una gran cinefilia. Por ejemplo, me recordaba a La noche del cazador o a algunas cosas de Murnau. ¿Reniegas de esta película? No reniego de ella. Me parece que tiene un problema que es el de esta cinefilia. Pero fue realizada con mucha pasión, con mucho amor, con cierta ceguera, porque todos éramos más jóvenes y queríamos absolutamente hacer la película. Yo, los actores, muchos técnicos, era la primera vez que trabajábamos. Hay un gran trabajo de iluminación. Sí, lo hizo un fotógrafo alemán que trabajó mucho con Wim Wenders en sus primeras películas en blanco y negro. Lo llamé por este motivo y porque era alemán, como Kurt Weill o Murnau, y también por mi inseguridad quería a un fotógrafo que me ayudara. Fue como descargar toda la cinefilia que tenías acumulada. Antes de realizar O Sangue , pasé seis años viendo todos los días al menos una película importante. Todo John Ford, todo Mizoguchi. Entonces se preparaba la cinemateca portuguesa, que todavía no existía. Joâo Bernardo da Costa, que era mi profesor de historia del cine en la escuela, en aquel tiempo empezó a organizar grandes retrospectivas. Rossellini vino a Lisboa poco antes de fallecer. Integral de Mizoguchi, integral de John Ford, cine norteamericano de las décadas de 1940 y 1950. Estaba en el lugar oportuno. La película tiene cosas misteriosas y hay un trabajo muy sistemático sobre la elipsis. Era una película que aprovechaba el lado mágico, fantástico, de los niños, de sus juegos, la idea de que si el chico piensa con mucha fuerza en la chica, la chica aparece... Éste es el lado más infantil. Pero el lado que más me llega hoy, creo, pasa por lo que se vivía entonces en el país: una especie de complot de las personas adultas o mayores, un complot enfermo y sórdido contra todo lo que fuera joven y vital. Aparece un tema muy recurrente en gran parte del cine actual, que es la ausencia del padre. Claro. Existen razones personales, porque procedo de una familia pequeñoburguesa urbana deshecha. Además, estaba la ausencia de un padre en el cine en Portugal. Me parece un film muy coherente y hay cosas que después aparecieron en otras películas. Todo lo que tiene de bueno está presente de una manera muy inconsciente, muy soterrada. Yo quería hablar de esta Lisboa nocturna, pavorosa, y de este mundo adulto, cercano a la muerte, muy triste, muy resentida, y de una juventud muy avergonzada de sí misma, que era la de mi generación. El amante, 16 de mayo de 2002. * * * * * * 1ª parte Tout refleurit (sobre el rodaje de Juventude em Marcha ), Aurélien Gerbault, 2006, vídeo (fragmento de 8 min) (I) Ne change rien, Pedro Costa, 2005, 13 min, vídeo 2ª parte O Sangue, Pedro Costa, 1989, 99 min, 35mm (II) HALL Minimo macho, minimo Fêméa, Pedro Costa, 2005, 37 min, vídeo instalación
http://www.blogsandocs.com/docs/?p=41 http://www.clarin.com/diario/2002/04/24/c-01201.htm http://www.ficco.com.mx/index.php?Sec=3&PSec=PC&PPel=2470
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